jueves, 29 de noviembre de 2018


EL LIDERAZGO DE M. ENCARNACIÓN




  En el 102 aniversario de su muerte

Hoy en día se habla mucho de liderazgo y quizá ya va siendo hora de reconocer que algunas personas -cercanas o lejanas en el tiempo- han liderado nuestro particular camino hacia la santidad. Se cumplen 102 años de la muerte de M. Encarnación Colomina y, por justicia, es preciso reconocer en ellas las cualidades de liderazgo que hoy la sociedad tanto demanda y que nuestra Cofundadora nos ofreció.
Veamos algunas de las más significativas: 

Capacidad de aprender
M. Encarnación hizo del aprendizaje una constante. En casa aprende las virtudes humanas y cristianas que la caracterizan y en la vida religiosa, tras varios intentos, aprende constantemente de lo que son sus fuentes originarias: Dios -oración, lectura de la Palabra, meditación y lectura espiritual- y san José Manyanet -contemplación e imitación de la Sagrada Familia, vivencia de Nazaret. El suyo es un aprendizaje vital, constante y silencioso. Ello la lleva a la fuente de la sabiduría: el conocimiento del corazón humano. Por otra parte, era una mujer práctica, previsora, excelente administradora -aunque hubiera poco que administrar- y con un gran sentido de la realidad.

Capacidad de adaptarse al cambio    
Sin duda, el eje vertebrador de su vida fue la consagración a Dios. Pero la vivió en situaciones muy diversas: en las Concepcionistas de Tremp, en las Hijas de la Sagrada Familia, en el silencio de Santa Ana, en la Santa Casa de Nazaret… De unas a otras hay notables diferencias y, a veces, situaciones excepcionales. Pero nuestra Cofundadora vive pendiente del eje vertebrador y ello la hace capaz de adaptarse a muchos cambios. Porque los vivió sin cambiar lo esencial. 

Resiliencia
No hay duda de que el permanecer firme bajo el dolor y la cruz, la capacidad de resiliencia ante el dolor y la enfermedad, sí, pero sobre todo ante el oprobio y menosprecio, ante la crítica y la humillación pública es altamente notable en nuestra Cofundadora. Se la llamó tenaz, ilusionaría, rebelde, promotora de división y desobediencia. Era joven, treinta años, y con escaso camino recorrido en la vida religiosa. Pero nacemos de su enorme fortaleza, y su fortaleza sólo tiene una explicación: vivió abandonada en Dios y no tuvo otro criterio que hacer en todo su voluntad. Lo cual le dio una extraordinaria libertad y una enorme fortaleza.