domingo, 27 de noviembre de 2016

CLAUSURA DEL I CENTENARIO DE LA MUERTE DE M. ENCARNACIÓN




La misa era a las seis. Pero mucho antes de las cinco de la tarde el gozo acordonaba el Templo que se veía rodeado por padres, alumnos, religiosas, docentes e innumerables amigos de Nazaret que no querían perderse la fiesta de familia.
Entre saludos y abrazos, admiración por la belleza del Templo, fotografías artísticas y algún selfie fuimos buscando dónde sentarnos.  Y  comenzó la Eucaristía de Clausura del I Centenario de la muerte de nuestra Cofundadora. La presidió Mons. Juan José Omella, arzobispo metropolitano de Barcelona, y concelebraban numerosos sacerdotes entre los que figuraban el P. Jesús Díaz, Superior General de los Hijos de la Sagrada Familia, el P. Josep M. Blanquet, el prior de Solius el P. Josep Peñarroya, el P. Josep M. Henríquez, delegado para la Vida Consagrada de la diocésis de Sant Feliu de Llobregat, los párrocos de la Sagrada Familia y Sant Joan de la Creu, de Barcelona, y el de Sant Josep, de Badalona, y numerosos amigos sacerdotes venidos de Canarias, Madrid, Vic, Barcelona y otros lugares en los que Nazaret está presente.


En primera fila, M. Montserrat del Pozo y todo el Consejo General junto a  las consejeras de los distintos territorios. Al otro lado varios miembros del Patronat de la Sagrada Família. Y a continuación, un Templo lleno, muy lleno, de familias, niños, abuelos… en fin, una familia. 

La celebración transcurrió embellecida por los cantos del Coro de Cámara "Francesc Valls", y en la homilía el arzobispo nos recordó que “el P. Manyanet y M. Encarnación dieron su vida por presentar un modelo de familia, el de la Familia de Nazaret. Y fueron tenaces y constantes para sembrar una semilla sin la cual hoy la sociedad sería diferente”. Y dirigiéndose a las familias les pidió que “cuidaran la oración personal y familiar, participando en la misa dominical.”. M. Encarnación, explicó, era “mujer de oración, mujer de profunda vida interior y dio respuesta a una triple llamada que hoy sienten sus hijas: ser misioneras, ser familia y serlo con el estilo de Nazaret. Porque en Nazaret se vivió el silencio que capacita para la escucha, la sencillez de vida, el respeto, el amor y el trabajo diligente…” Y concluyó recordando que comenzamos el tiempo de Adviento y pidiéndonos que rezáramos así:
Jesús, José y María haced de nuestro hogar, el Vuestro”.  
  
Después de un precioso ofertorio, que recogió la carta de san José Manyanet al escribir al obispo Caixal su sueño de construir un Templo, el logo Suma y sigue, que este año hemos tenido presente al rememorar a nuestra Cofundadora, y otros elementos de la vida de los colegios, la eucaristía siguió su ritmo de belleza, silencio y oración. Poco después de la comunión M. Montserrat del Pozo dio gracias a Dios por la vida de esta gran mujer, nuestra Cofundadora.
Ya caía la noche. Momentos de despedidas, de reencuentros emotivos, de gozo y gratitud…

Que M. Encarnación desde el cielo nos bendiga y bendiga todas las familias del mundo.












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