sábado, 10 de septiembre de 2016

SE ACERCA EL DÍA 13 Y SE IMPONE LA REFLEXIÓN...




CLAUSURA DE LA FASE DIOCESANA
Este martes, 13 de septiembre de 2016, la clausura de la fase diocesana de la Causa de Canonización de M. Encarnación supondrá un paso muy importante sobre el cual conviene reflexionar.
Siempre que estudiamos las características de la Iglesia decimos de ella que es santa. Es santa porque nace del Único Santo pero es también santa por la santidad de tantas personas que, con su vida y su vivencia del evangelio, han enriquecido el tesoro, infinito, de la Gracia. 
 

Nuestro mundo habla de héroes. A los niños les gustan los cómics con héroes; esos niños, ya mayores, algunos abuelos, siguen guardando algo de la infantil admiración que sintieron por aquel personaje de tebeo o revista. Pero los héroes no son imitables…
La Iglesia presenta, no sus héroes, sino sus referentes, sus modelos. Miles de mujeres, hombres e incluso niños, con sus defectos y talantes, su mucha o poca cultura, su dinero o su pobreza, su escasa salud o su vigor se han puesto incondicionalmente al servicio de Cristo porque supieron amarlo desde lo más profundo de su ser. Esos son los santos, unos pocos reconocidos y millones anónimos. Unos han mejorado la cultura, otros el campo de la salud, otros la ciencia o la teología…sus aportaciones han sido a veces descomunales. 

Pero la Iglesia los valora por el amor que impregnó su vida y por ello, junto a una M. Teresa de Calcuta- recientemente canonizada- nos presenta un Hno Gárate que pasó 41 años de su vida en una portería de universidad y, al final, su lección fue la mejor lección impartida en ella. En el fondo, la santidad, tal como la concibe la Iglesia, tiende a devolver a la persona a su origen, a rehacer el camino al jardín del Edén. Los santos sólo han pretendido devolver a la persona a su origen, ayudar a reconstruir el diálogo con Dios, roto en el pecado de la discordia. Si en el camino de vuelta al Edén algunos han hecho grandes obras, no deja de ser algo hermoso, pero es un añadido; lo importante es volver al Edén, rehacer la naturaleza corrompida a causa del pecado. Y esto se hace tanto desde una portería como desde la fama que envolvió a M. Teresa.

Al estudiar la vida de los santos, al conocerla, uno se da cuenta de la riqueza que transmiten. Y siente que no sólo ellos, sino con ellos; se aprende así que la santidad no es el privilegio de unas almas selectas sino una llamada a la que todos estamos convocados.   

Los santos cambian el mundo y cambian especialmente la vida de la Iglesia. Por eso, la Iglesia ha dado siempre un relieve especial al reconocimiento público de la santidad de alguien. Proponer algunas personas a la admiración, contemplación e imitación, presentarlas como modelos nuevos y convincentes de la puesta en práctica del Evangelio forma parte del magisterio ordinario del Papa. 

Una causa representa, en cierto sentido, una participación en la obra pastoral del Papa y merece por ello toda nuestra preparación, tiempo y dedicación, además de ser un honor. Algunas personas, ciertamente, colaborarán más directamente en el proceso que supone reconocer la santidad de alguien; este proceso implica un delicado discernimiento teológico e histórico, acompañado de un esmerado procedimiento canónico.

Pero todos estamos llamados a acompañar espiritualmente la Causa. Somos esa mayoría anónima que vive con ilusión cada paso, los que podemos sostener una Causa. Si en este proceso canónico que es el juicio sobre la santidad de alguien no hay una fuerte renovación espiritual de las personas a ella vinculadas, de nada sirve.
La Causa que se cierra, en su fase diocesana, este martes 13 necesita del apoyo espiritual de todos los que, de una manera u otra, están unidos a Nazaret.

¿Cómo podemos ayudar espiritualmente este acto tan importante del magisterio del Papa?
Veamos dos aspectos imprescindibles:
- viviendo aquellas virtudes que en ella fueron más relevantes: la humildad, el abandono en la Providencia, la fortaleza y fidelidad, la búsqueda constante de la Voluntad de Dios…
-orando a Dios por intercesión de M. Encarnación y difundiendo su vida, su obra y su devoción. Para ello es importante colaborar con el Boletín de la Causa dando a conocer aquellas gracias y favores alcanzadas por intercesión de M. Encarnación.

Renovar el deseo de santidad

Ya tenemos muchos santos "oficiales". Pero no hay una medida de santidad, cada persona aporta una nueva vivencia de ella. La Iglesia no presenta un modelo de santidad. Nos muestra millares, y muy distintos, para que podamos intuir el propio camino de santidad.
Que el acto del día 13 de septiembre, que algunos tendremos la suerte de vivir, sirva para renovar en todos el anhelo de santidad. Seamos, desde nuestro ámbito concreto – una oficina, una cama de enfermo, una clase…- esa ventana que deja pasar la Luz. Convirtámonos y girémonos hacia el Sol. La imagen que ilustra esta reflexión puede ser el símbolo de lo que deberíamos vivir el día 13.

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