jueves, 15 de septiembre de 2016

PALABRAS DE M. MONTSERRAT EN LA CLAUSURA





Ya hace un año que, entusiasmados y esperanzados, nos reunimos aquí para celebrar el inicio del proceso diocesano de canonización de nuestra Cofundadora M. María Encarnación Colomina y Agustí. Hace un año que se abría ante nosotros un horizonte de esperanza y alegría. 


Hoy tenemos el placer de volver a encontrarnos con motivo de la clausura de esta etapa diocesana del proceso, un proceso que, por gracia de Dios, ha sido muy ágil y provechoso y nos ha traído noticias de algunas intervenciones especiales, "milagrosas" quizás, de Nuestro Señor por medio de M. Encarnación Colomina. Mantenemos nuestra oración esperanzada con la plena confianza en el buen Dios que conoce y ama su Sierva.

El tiempo que ha durado el proceso que hoy clausuramos nos ha ofrecido la oportunidad de profundizar en el conocimiento de nuestra Madre Encarnación, nos ha ensanchado horizontes, incluso nos ha descubierto fotografías desconocidas y datos que nos acercan un poco más a la figura entrañable de nuestra Cofundadora. Su personalidad humana, cristiana, religiosa ha crecido en todos los que, durante este año, hemos participado de una manera u otra en el proceso diocesano.

Ella fue la primera, fue la primera de tantas que, a día de hoy, llevamos con orgullo y con agradecimiento el título de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret; ella fue la primera en sintonizar con San José Manyanet, y fiel a la voluntad del buen Dios , fue la primera en asimilar y vivir a fondo nuestro carisma. Porque ha habido una primera mujer de la talla de M Encarnación podemos hoy sumar y continuar. La Desideria que supo vivir en espíritu en Nazaret nos ha marcado el camino para aprender de la amada Trinidad de la Tierra a llevar el Misterio de Nazaret en el corazón y expandirlo por todo el mundo.
Cuando las obras son de Dios siempre van adelante, aunque haya dificultades: las hubo en la vida de San José Manyanet, y las hubo también en la vida de Madre Encarnación Colomina. Por eso confiamos plenamente en el éxito de este proceso que continúa y que nos ayuda a crecer en fidelidad y compromiso, educando el corazón y la inteligencia de todos aquellos a los que en nuestras escuelas de todo el mundo, ayudamos a crecer en edad, sabiduría y gracia, como crecía Jesús en Nazaret.
Con la alegría de todo lo que hemos vivido hasta aquí, y con el compromiso de seguir estudiando la vida y obra de nuestra Cofundadora y bebiendo en su espiritualidad aquellos rasgos que configuraron su santidad, llegamos a la clausura de este proceso diocesano. 

Que desde el cielo San José Manyanet, que tanto confió en la que él definía como una verdadera "roca", nos ayude a admirar, imitar y difundir las virtudes de la M María Encarnación Colomina.
A todos los que han llevado a cabo y han colaborado de una manera u otra en este proceso diocesano, mi plegaría agradecida junto con la de toda la Congregación.

(original en catalán)

No hay comentarios:

Publicar un comentario