sábado, 25 de junio de 2016

LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES EN M. ENCARNACIÓN




Consolar al triste
                  
La tristeza forma parte de la vida humana. Pero también la forma el consuelo. A veces entendemos el hecho de consolar de forma restrictiva: una palabra de ánimo, un abrazo, un poco de atención…No hay duda de que todo eso forma parte de la capacidad de consolar y M. Encarnación practicó con sus religiosas, principalmente con las enfermas, con su familia, cuando el dolor y la muerte los acechó, y con otras personas, amigas, sacerdotes etc, esa obra de misericordia.



Pero hay un sentido más amplio del consuelo y es dar a conocer, sin palabras, sin gestos, sin explicaciones, que la vida de una persona y todas las contrariedades sufridas no han carecido de sentido y han valido la pena.
M. Encarnación fue consuelo para san José Manyanet. Al mirarla nuestro Fundador hallaba el ánimo para no decepcionar a las que le eran fieles y seguir luchando; al mirarla sabía que la obra saldría adelante; al mirarla se supo comprendido y amado y escuchó el eco de su propia alma más allá de cualquier circunstancia adversa.
Cristo nos consuela para que consolemos al triste mediante el consuelo con que Él nos consoló. El consuelo de Cristo está forjado en el amor fiel, capaz de sacrificio y entrega total.
El consuelo que M. Encarnación proporcionó a nuestro Fundador es el de la hija fiel que continua la obra del padre.

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