sábado, 18 de junio de 2016

LAS OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES EN M. ENCARNACIÓN




Perdonar las injurias

Desde joven el perdón forma parte de la espiritualidad de M. Encarnación. Ella se sabe perdonada y redimida por Cristo y desea configurarse con Él perdonando y recibiendo el perdón como escribe en su Testamento espiritual:  
Protesto en virtud del presente testamento que no sólo perdono todas las injurias y ofensas que se me hayan hecho de cualquier manera que sea, amando a mis enemigos, encomendarles a Dios y estimarles con un amor de caridad verdadera según nos manda Jesucristo, sino que también pido perdón a todos los que de cualquier manera ya haya ofendido y agraviado, queriendo hacer desde ahora y continuar siempre todos aquellos actos de cristiana que me hará hacer la Iglesia, nuestra madre, cuando me administrará los últimos sacramentos”.  


             Es muy significativo que al perdón que promete dar siempre añada la misión de rezar por aquellos que la injurien y amarles con amor de caridad, con amor cristiano. No sólo va a perdonar sino que va a devolver el mal sembrando bien.
Eso es lo que se propone en 1873 cuando aún reside en su pueblo natal. Y a lo largo de toda su vida el perdón formará parte de su talante. Veamos algunas situaciones.Ante una religiosa que la difama escribe a M. Josefa Tous:

“A mí me ha rebajado e insultado a solas, en compañía, y siempre contra mí; que Dios la perdone y alumbre, como así lo pido.”

Preciosa la petición que, con el perdón, presenta la petición a Dios para que conceda luz al alma de dicha persona.
La vivencia del padrenuestro, con la petición de perdón “así como nosotros perdonamos” fue la constante de su vida. Ella supo sembrar y regar el trigo aceptando la cizaña que crecía en el campo y soportó con paciencia y amor muchas situaciones “encizañadas”.
Con motivo de la Semana trágica (1909) las religiosas de la Sagrera debieron huir; ella estaba enferma y se refugió en casa de una familia vecina. El colegio no fue incendiado pero sí sufrió daños. Un mes después pudieron volver las religiosas y M. Encarnación les decía:

¡Pobrecitos, debemos rogar por ellos, porque no saben lo que hacen! ¡Señor, perdonadles y tened misericordia de todos nosotros!

El perdón fue una constante en la vida de nuestra Cofundadora. Por ello la vemos al final de su vida como una mujer llena de paz, fruto directo del perdón. Porque el perdón es, quizá, la más bella expresión de la misericordia y sólo perdona quien tiene un corazón grande y magnánimo que sabe derramar, sobre la miseria de otros, corazón.
Y Dios que no se deja ganar siembra la paz en el corazón de aquellos que no llevan cuenta del mal ajeno.

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