martes, 17 de mayo de 2016

ME HABLÓ EL CRISTO




El pasado viernes, trece de mayo, estuve en el obispado de Barcelona. Tengo que confesar que, pese a la gran devoción que los barceloneses sienten por el Cristo de Lepanto, yo no me incluía en esa multitud. La imagen del Cristo se venera en una capilla lateral de la Catedral y siempre hay gente postrada a sus pies.
Desde hace un tiempo, desde que supe que M. Encarnación lo visitaba diariamente, no puedo dejar de entrar y rezar a sus plantas por todo la Congregación. No puedo dejar de pensar que el Cristo sabe muy bien quién me ha llevado allí y sabe también que intento rezar por la Congregación como si esta estuviera naciendo cada día, restaurándose cada día…intento, quizá, encontrar las mismas palabras que usaría M. Encarnación para presentarlas de nuevo al Cristo que ella tantas veces miró.


Pero esta vez el Cristo casi no me dejó hablar, fue Él quien comenzó el diálogo:
Aquí estás. Ella también venía y en estas visitas la fui alentando, sosteniendo…y por eso, porque se dejó llevar, porque se abandonó, porque siempre dijo sí… tú estás aquí. Eres hija de su amor, de sus lágrimas, de su esperanza y fidelidad, de su deseo encendido…

Aquí estás. Llevas en el corazón el mismo nombre pero me gustaría saber si puedo contar contigo tan incondicionalmente como conté con ella. Quisiera ver en ti los mismos gestos que vi en ella, la misma mirada, la misma voluntad de buscarme siempre… 

Ella fue mujer de una sola palabra, lo sabes bien. ¿Cuántas tienes tú?
Ella fue mujer de silencio ¿por qué hablas tanto, por qué eres tan ruidosa?
Ella amó la irrelevancia, el anonimato ¿por qué ese desmedido afán de protagonismo?
Ella se empapó del carisma de mi hijo Manyanet ¿por qué buscas otras fuentes?

Estás aquí y hoy tengo un montón de preguntas por hacerte. Ya sé que vienes a pedirme que cuide Nazaret. ¡Lo hago! Pero déjame pedir hoy a mí.
Te quiero valiente, audaz y confiada, como ella.
Te quiero anclada en lo esencial, alimentando día a día tu consagración. Como ella.
Te quiero con las pequeñas virtudes de Nazaret, con la gratitud rebosando y la generosidad alentando tu quehacer. Como ella.
Te quiero enamorada del Amor y un Amor que se hizo carne. Te quiero entrando cada día en Nazaret y siendo dócil a la guía de Jesús, María y José. Como ella.
Te quiero mujer y mujer enamorada. Entregada, seducida por la belleza de un Dios que se hizo familia…

Me di cuenta de que, probablemente, se habían postrado a sus pies muchas Misioneras de Nazaret. Y el Cristo buscaba en todas los rasgos que toda hija tiene de su madre. Salí de la Catedral con la esperanza de que mi vida, y la de todas mis hermanas, contestara con un sí jubiloso, las infinitas preguntas del Cristo…

 

1 comentario:

  1. Nos gusta cómo expresa el encuentro con Cristo, la conversación mantenida, las reflexiones , las preguntas ... seremos capaces de vivir haciendo la voluntad de Dios , sin ruido ?

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