sábado, 7 de mayo de 2016

M. ENCARNACIÓN DE LA A...A LA Z.




A veces hay personas que nos cambian la vida. M. Encarnación Colomina conoció al P. Manyanet en una romería al Santo Cristo de Balaguer en noviembre de 1871. Y ese encuentro fue tan definitivo que ella no duda en reconocer ante el obispo Casañas:



Después de Dios debo la vida de mi alma al muy Rvdo. P. Manyanet, y no corresponder a tales favores, sería una ingrata digna de cualquier castigo, como dice el Señor, que lo que más aborrece es la ingratitud; pues esta sería grande para conmigo”.
Su vida fue pues un canto de gratitud a Dios, sí, pero también a la persona que le descubrió el misterio de Nazaret que tan feliz la haría. Ella se empapó del carisma hasta tal punto que sería la resonancia perfecta de los anhelos del corazón de san José Manyanet. En ella Manyanet reconoce su “hija espiritual” y todos los que los conocen y saben de su relación espiritual llaman a M. Encarnación “hija predilecta” e “hija primogénita” del P. Manyanet. 

Hubo un antes y un después en la vida de M. Encarnación. Y su grandeza consistió en haber visto claro que Dios le había enviado al P. Manyanet para guiarla hacia la santidad y, a partir de esa convicción, seguir con fidelidad indiscutible, valiente y audaz al que, para ella, era enviado de Dios.

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