sábado, 28 de mayo de 2016

EL GRAN AMOR DE M. ENCARNACIÓN





Ya decía la hermana de Santa Teresita de Lisieux, Celina, que su hermana no tenía devociones. La devoción es, en la vida cristiana, algo opcional por mucho que sea  a veces un medio excelente de crecimiento en la fe.
Pero es preciso – cada vez más – distinguir lo devocional de lo nuclear y asentar nuestra fe en aquellos aspectos que constituyen las “verdades de fe”. Así lo hacen todos los santos al manifestar su amor a la Eucaristía. M. Encarnación profesó desde muy joven un entrañable amor a Jesús Sacramentado. Hoy, al celebrar Corpus Cristhi, no podemos dejar de mirar cómo vivió ella el amor a la Eucaristía.

Sabemos que de joven asistía diariamente a misa y comulgaba con la frecuencia que sus directores espirituales le permitían; sus vistas al Santísimo eran diarias y solía pasar largos ratos ante el Sagrario. En su pueblo natal perteneció también a Asociación de la Hora de Adoración al Santísimo Sacramento del Altar.
En las fundaciones la comunidad no siempre tuvo capilla desde los inicios. Ella constata que la casa no parece completa si no tiene oratorio y siente vivamente la ausencia del Santísimo. El permiso para tener a Jesús Sacramentado fue siempre para M. Encarnación motivo de gozo profundo. Sabemos también que perteneció a los "Jueves eucarísticos" y que conservó siempre la medalla.
Y por aquello de que a la hora de la muerte aflora la verdad, la suya no puede explicarse sin la eucaristía. La enfermedad, un ataque de apoplejía, le sobrevino en plena celebración de la misa, pero ella se empeñó en concluir la celebración.
Durante tres días escasos permaneció en cama pero con plena consciencia. El P. Luís Tallada, Superior General de los Hijos de la Sagrada Familia, celebró la misa en su habitación y ella la seguía profundamente emocionada.
Su alma, que ella deseaba fuera como un Cenáculo, subió a los cielos para acabar allí la misa de su vida. Habiendo vivido aquí en la tierra el aspecto sacrificial fue llamada a participar en la Resurrección de Cristo para que realmente sus hijas podamos afirmar que su vida fue Acción de Gracias, Eucaristía.
Aprendamos de ella el amor a Cristo Sacramentado.

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