sábado, 30 de abril de 2016

CONOCIENDO A NUESTRA COFUNDADORA (VIII)

                                                        Granadella



DISPERSADAS Y EXPULSADAS

El nuevo gobierno general se encontró con la difícil situación de atraer a las religiosas que manifestaron reticencia o, en el caso de M. M.ª Encarnación Colomina, rechazo a unas Constituciones que, alejadas del carisma al cual se sentía llamada, no eran para ella expresión de la voluntad de Dios. La primera medida fue dispersar a las religiosas fieles al padre Manyanet. M. M.ª Encarnación Colomina fue enviada, junto a M. Josefa Tous, a la Granadella. Desde allí escribía al obispo Casañas, el 17 de abril de 1880, su vivencia capitular, entablándose entre los dos una correspondencia muy instructiva y aleccionadora.
El nuevo gobierno, presidido por M. Ana M.ª Janer, tuvo especial empeño en rescatar a M. M.ª Encarnación Colomina. Sabían que era religiosa influyente y de gran ascendencia. El mismo obispo Casañas la trató con suma deferencia, convocándola primero a Capítulo —pese a su reciente destitución— y manteniendo con ella abundante correspondencia. Hubo varios intentos, diversos en el tono mas no en el contenido, para que acatara la reforma:



- En primer lugar el mismo padre Aguilera, le escribía el 6 de abril de 1880, desde Talarn y en nombre de la superiora general, exigiéndole que manifestase por escrito su decisión de solicitar dispensa de votos o bien renovarlos y acatar la reforma. También le instaba a saldar las deudas contraídas en Sant Andreu de Palomar.
M. M.ª Encarnación Colomina le contestaba el 23 del mismo mes de forma serena, pero remitiéndose a la autoridad del obispo, que sabe de su caso y conoce su modo de pensar. Prudentemente M. M.ª Encarnación no da más detalles al padre Aguilera.
- El obispo Casañas mantiene entre tanto una fluida correspondencia con madre Colomina. A él abre su corazón M. M.ª Encarnación y gracias a estas epístolas conocemos cómo se desarrolló el proceso capitular y post-capitular. En las cartas reitera M. M.ª Encarnación su firme decisión de no aceptar las nuevas Constituciones pues el Espíritu así se lo pide:
“Al llegarme el turno de firmar, no cesando de pedir la luz a la Sagrada Familia, me sentí una fuerza tan grande y una voz que me decía en mi interior: no puedes hacerlo” (Carta al obispo Casañas, 17 abril 1880).

- El nuevo gobierno había nombrado visitadora de las comunidades a M. Pilar Vilá, que en junio de 1881 le planteó un ultimátum: o acataba la reforma o pedía la dispensa y salía. Dado que M. M.ª Encarnación no aceptó renovar los votos ni pedir la dispensa, remitió el caso a la superiora general.
- M. Ana M.ª Janer le escribía el 12 de julio de 1881 pidiéndole que “guardara para Dios la fidelidad que tenía para los hombres”. Le exhorta también a tomar una pronta decisión. M. M.ª Encarnación le contestó el 15 del mismo mes manifestando:
a) Que nunca fue engañada por nadie y desea ser fiel a Dios.
b) Que su conciencia no le permite obligarse con voto a lo que no se siente llamada.
c) Que siempre ha manifestado lo mismo y aguarda tranquila las disposiciones que sobre ella tomen.
- Un último intento corre a cargo del sacerdote Ramón Combes, el cual el 19 de julio de 1881 le escribe una carta llena de preguntas; el 31 de julio contestaba M. Colomina de manera detallada y serena a cada una de ellas. A través de esta misiva M. M.ª Encarnación hace varias afirmaciones interesantes sobre sí misma, a saber:
a) Que su decisión es firme.
b) Que sus miras se basan en seguir fielmente la vocación que sintió desde la cuna y que las Constituciones del padre Manyanet le permitían seguir.
c) Que sólo pretende cumplir la voluntad de Dios y este es un principio que está por encima de todo.
d) Que si no fuera Dios quien la moviera no habría resistido tantas pruebas y combates.
e) Que su único deseo es servir y amar a Dios, su querido Esposo.
f) Que sólo desea emplear su vida amando y sirviendo a Jesús.
Mientras M. M.ª Encarnación mantenía esta correspondencia, el padre Manyanet intentó hacer llegar a todas las religiosas dispersas un pliego para firmarlo y enviarlo al Santo Padre. Se sirvió de una mandadera del colegio Jesús, María y José (Sant Andreu de Palomar) pero ésta, sin que conozcamos los motivos, no consiguió la firma de M. M.ª Encarnación. El padre Manyanet confiaba plenamente en ella y no tener su firma supuso una fuerte decepción; la disculpa pensando que se ha trabajado mucho con ella “de otro modo no era posible derribar una roca tan firme” (Carta al P. Buenaventura Mullol, 1 septiembre 1880).
Cabe suponer que M. M.ª Encarnación vivió su particular noche oscura en la Granadella. Pese a ello brilló siempre su fortaleza y fidelidad.
Finalmente, el 10 de abril de 1882 el obispo Casañas autorizaba la expulsión de M. M.ª Encarnación Colomina, la cual había sido trasladada a la comunidad de Oliana. Se le dispensan los votos de pobreza y obediencia. M. M.ª Encarnación relata así su expulsión:
"En marzo de 1882, salí en dirección a Oliana, donde permanecí hasta el 30 de abril del mismo año, día del patrocinio de San José. Llegamos a Balaguer por la mañanita a la casa del Santo Cristo de dicha ciudad, donde residía el capellán Rdo. Mn. Francisco Roca, quien, después de comer, me entregó la dispensa de los santos votos; me hicieron desnudar el santo hábito, cosa muy dolorosa para mí, y montada en un jumento, acompañada de un joven que yo no conocía, llegaba a casa de mis padres el uno de mayo de 1882" (Notas manuscritas).

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