sábado, 6 de febrero de 2016

CONOCIENDO A NUESTRA COFUNDADORA (V)




LA HORA DE LA PRUEBA

Primera visita canónica del Padre Aguilera

Monseñor Casañas había designado para la visita al jesuita Francisco Aguilera, que llegó al noviciado de Sant Andreu de Palomar, la última casa visitada, el 1 de noviembre de 1879. La visita del padre Aguilera tenía varios puntos nucleares entre los que hay que señalar el reconocimiento del auténtico fundador en la persona del doctor Caixal o del padre Manyanet, la no uniformidad de las Reglas, pues las casas, según se decía, seguían diversas normas según provinieran del Instituto de la madre Janer o fueran adictas al padre Manyanet, que ya les había dado Constituciones aprobadas por el mismo doctor Caixal; el tema de la clausura era también cuestión debatida y aún más el gobierno único que hacía depender el Instituto femenino del masculino.


Madre Encarnación Colomina se alza, y con ella otras, en defensa de la obra de Manyanet de la cual se siente plenamente hija. De hecho, la casa noviciado será, gracias a su fortaleza y clarividencia, la única que no se doblegue a las directrices que pretendían borrar el carisma del fundador. De las diez casas que en aquel momento constituían el Instituto, sólo el Noviciado no acató la reforma que eliminaba “a radice” la impronta manyanetiana, y aún en esta comunidad, de las ocho profesas, tres aceptaron, ya en la primera visita, las nuevas directrices.
El 15 de diciembre de 1879 monseñor Casañas firmaba la destitución del padre Manyanet como Superior General del Instituto de las Hijas de la Sagrada Familia. El Obispo, conocedor de que M. Colomina era la defensa más sólida del carisma manyanetiano y una religiosa de gran influencia, especialmente entre las jóvenes, le escribe particularmente dándole razón de su decisión.
Y M. Encarnación, mujer fiel, no duda en salir en defensa del padre Manyanet escribiendo al prelado de Urgell una carta que es un modelo de sensatez y respeto. En ella se duele por la aflicción del obispo, pero indica que quizá ésta hubiera podido evitarse de haber venido él personalmente. Después de reiterar su obediencia, aclara que la fusión del Instituto fundado por el padre Manyanet con el de las hermanas de la Caridad de la Concepción y de San José se hizo sólo por obediencia y que de este hecho sólo se han subseguido males.
“[...]El Rdo. P. Manyanet, persona bastante humilde y desprendida para saber ceder en todo caso y circunstancia con tal sea para mayor gloria de Dios, el cual, sea dicho de paso, y en la convicción de que hablo a un Padre, después que éste, sólo por un efecto de su celo y por amor y respeto al difunto Prelado (Q.E.P.D.) agregó al Instituto de la Sagrada Familia las antiguas Hermanas de la Caridad de la Concepción y de San José y haberlas concedido todas las prerrogativas y distinciones para que estuvieran más unidas y contentas, algunas de éstas, sin duda acordándose de su antigua libertad, lejos de ayudar a la buena marcha y solidez del Instituto, se han entretenido, por decirlo así, en buscar estorbos que han robado la fuerza moral al que después de Dios se deben los comienzos, y le han atado las manos hasta el punto de inutilizarle y no poder poner las cosas como él deseaba y suspiraba” (Carta al obispo Casañas, 27 diciembre1879).

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