sábado, 31 de octubre de 2015

SU NOMBRE ESTABA ESCRITO EN EL CIELO


La fiesta de Todos los Santos es una fiesta alegre. Fiesta de la prodigalidad de un Dios que ha sembrado la historia de gente buena, gente que pasó haciendo el bien, amando y entregándose. Millones de santos anónimos que nos protegen y guían desde el cielo.
Con mucha frecuencia nuestra Cofundadora se refiere al cielo y a sus moradores.

Cuenta siempre con la ayuda de la llamada, por aquel entonces, “Iglesia triunfante”. Lo hace cuando escribe su Testamento espiritual en el que afirma que confiará “siempre en la protección de María Santísima, Madre de pecadores, en la de los Ángeles y en particular al de mi guarda, en la de todos los santos y santas del cielo, y principalmente de los santos patronos”.
M. Encarnación invoca a todos los santos no sólo para que la protejan y ayuden sino para que le ayuden a alabar al Señor como merece: “deseo darle continuas alabanzas y convido a todas las criaturas del cielo y de la tierra me acompañen a alabarle”.

Entre todos los santos, anónimos y conocidos del cielo, confía especialmente en San José porque Dios “nada le niega ni en el Cielo ni en la Tierra”.
A lo largo de su vida ella sabe cuál es su meta: el cielo. Por eso vive “bendiciendo millares de veces la inmensa e inefable bondad de un Dios que se dignó criarla para servirle en este mundo y gozarle eternamente en el cielo”. Y sabe que “Dios trazado muchos y variados caminos para ir al Cielo”.

Porque conoce la meta, la anhela y desea que le hablen del cielo. Entrañable resulta la petición que hace. Desea que les visite el Fundador por algo muy concreto: “si un día tuviésemos la suerte de estar cerquita y nos hacía la caridad de decirnos cuatro cosas del Cielo, nos haría una grande caridad”.
Quería que le dijeran “cuatro cosas el cielo”…para caminar por la tierra. Y cuando ya ha fallecido el Fundador afirma: “Él no nos dejará y desde el Cielo nuestro Padre nos ayudará! ".

El cielo es una palabra luminosa para M. Encarnación. Tal como lo fue para san José Manyanet. Siempre me ha parecido que el mejor elogio que de él se ha hecho lo realiza el P. Mullol al escribir: Hizo el camino de la vida con la mirada fija en el cielo. Siempre hay gente que no pierde el norte… nuestros Fundadores entre ellos.

Porque también M. Encarnación fijó sus ojos en el cielo. La sociedad y la familia en que nace y crece hace del cielo una referencia. En el cementerio se despide a los difuntos con un esperanzado “Que al Cel ens puguem veure” (que nos podamos ver en el cielo) y los niños que fallecen en casa, sus dos hermanos, son “angelitos en el cielo”… Todo ello la ayuda a creer  profundamente que su nombre “está escrito en el cielo”. 

Y como ella tan bien sabía, hacia él caminamos nosotras, es nuestra meta y nuestra plenitud. Allí gozaremos de Dios, desde allí colaboraremos con todo el Bien que se hace en la tierra. Por eso, servir al Señor en la tierra es ya vivir en un cielo anticipado.

M. Encarnación contó en su camino con todos los santos. En esta fiesta celebremos también que ella ya alcanzó la cumbre, ya es Bienaventurada porque vivió, día a día, las bienaventuranzas. Y digamos de ella lo que ella decía del P. Manyanet: Ella no nos dejará,  desde el Cielo nuestro Madre  nos ayudará.
¡Feliz día de todos los santos!



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