sábado, 3 de octubre de 2015

SANTOS...¿PARA QUÉ?





INTERCESIÓN DE LOS SANTOS

Cuando M. Encarnación tiene 25 años escribe su  Testamento espiritual. Si algo llama la atención del texto que redacta como programa de vida  es el sentido de Iglesia que tiene. Lo que escribe lo hace “de toda la corte celestial” y asegura que “ confío y confiaré siempre en la protección de María Santísima, Madre de pecadores, en la de los Ángeles y en particular al de mi guarda, en la de todos los santos y santas del cielo, y principalmente de los santos patronos, que llamaré por testimonios de este mi testamento, a todos los que les ruego su protección y asistencia”.


Aquella joven de Os de Balaguer sabe muy bien y cree que hay una Iglesia celeste, una Iglesia triunfante que, desde el cielo y habiendo luchado ya un buen combate, intercede por esa Iglesia que aún peregrina entre dificultades y debilidades. Mª Encarnación se encomienda a ellos y lo hará durante toda su vida. Porque los santos, reconocidos o no, son los grandes intercesores. Imitar e interceder. Por eso la Iglesia, a día de hoy, sigue canonizando personas que por una parte, son imitables y por la otra están llamadas a continuar haciendo el bien. Decía Teresita de Lisieux que ella quería pasar su cielo haciendo el bien en la tierra.

Si Mª Encarnación se encomendaba y pedía la intercesión de toda la corte celestial, hoy somos muchos los que le rogamos a ella que interceda por nosotros. El amor cuando es auténtico no desea otra cosa que el bien. Y desde el cielo, viviendo ya en el Amor, los santos y santas arden en deseos de ayudar y colaborar para que el Bien tenga al fin la última palabra.

Nuestra Cofundadora vivía ya tan intensamente ese deseo de ayudar que viendo a una religiosa de otra casa muy apurada por los trabajos que debía hacer le escribe:
“Si me pudiese volver un pájaro que nadie me viera, con mucho gusto las vendría a ayudar, aunque fuese de noche”

Ahora, desde el cielo, y aunque nadie la vea, ella está presta para interceder por nosotros. ¡No  echemos en el olvido ese gran tesoro!
Los santos caminan con nosotros…



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