viernes, 9 de octubre de 2015

LA PRIMERA CARTA



La primera carta de san José Manyanet dirigida a la Sierva de Dios M. Encarnación es del 8 de octubre de 1871. Y una carta que llevamos conservando durante 145 años debe ser importante…
Lo fue, y mucho, para M. Encarnación. La guardó siempre como un tesoro y a buen seguro que, al releerla, le sabría ver un tono profético que se había ido ya cumpliendo en ella. Veamos la historia…
La joven Manuela anda en Os hecha un mar de dudas. El dilema que se le plantea entre obedecer a su padre y casarse o bien obedecer a Dios y seguir su vocación la tiene angustiada. Y también lo está su director espiritual Mn Ramón Grifé…

Mn Ramón viaja, por motivos que desconocemos, a Tremp.  Y allí hablará, providencialmente, de su dirigida al P. Manyanet. M. Encarnación lo explica así en la carta que el 11 de marzo de 1880 escribe, desde Talarn, al obispo Casañas:

Se le ofreció [a Mn Ramón] la ocasión de ir a Tremp y hablando con el R[everen]do. P[adre]. Manyanet le habló del nuevo Instituto que estaba formando titulado de la S[agra]da Familia. Entraron a hablar de mí sin que me conociese y no fueron en vano tales palabras”.

Con motivo de una romería al santuario de Balaguer, Manuela conoce, el 9 de noviembre de 1870, al P. Manyanet; aunque no entran en conversación sí va a comenzar la correspondencia entre ambos.

“Vino como por casualidad que el nombrado P[adre]. Manyanet me vio en Balaguer, yendo él de visita con el difunto Prelado de Urgell; no habiendo sido posible hablar, me dijo le escribiese; lo que efectué con orden y aprobación de mi buen Director”.

En este contexto situamos la primera carta que tenemos y que escribe Manyanet el 8 de octubre de 1871. Las ideas centrales de la carta son:

Procure cada día hacerse mejor.
Profundice en el verdadero espíritu de Jesús, tan poco conocido aún de aquellos que se creen buenos.
No se espante por nada ni por nadie; creo que el Señor quiere mucha gloria por medio de usted. Conviene pues fidelidad y ánimo.
Bástele lo dicho; y no resuelva cosa sin decirme antes algo”

Sabe ya Manyanet que Manuela está pensando en entrar en las Concepcionistas. Y le pide que no resuelva sin decírselo pues él puede, seguramente, ayudarla. Pero acierta a darle dos palabras que se convertirán en la definición de nuestra Cofundadora: fidelidad y ánimo. O como tantas veces hemos dicho, fortaleza y fidelidad. Profético es el anuncio de que Dios recibirá mucha gloria por medio de la Sierva de Dios…
San José Manyanet, que andaba ya fundándonos en Talarn, ayudó a que Manuela pudiera entrar en las Concepcionistas:

 Pasados unos años, éste [Mn. Ramón] murió, quedando yo como perdida, sin consuelo humano ni divino. El consolador de las almas me tenía ya otro de reservado: así fue, que pasados unos quince días de su muerte, me escribió el R[everen]do. P[adre]. Manyanet de acuerdo con la M[a]dre Priora del convento de donde estaban mis hermanas, como podía entrar por pensionista y después, si trasladaban o faltase una de mis hermanas, podría quedarme en dicho convento”.

Conocemos el resto de la historia. Manuela comenzará y recomenzará una y otra vez. Pero ya estaba san José Manyanet esperándola para su obra.

M. Encarnación conservó siempre esta carta, lo cual demuestra la estima que tenía para todo lo que guardaba relación  con el Fundador. Esa carta le recordaba el comienzo de una relación que se convertiría para ella en camino de santidad. Le recordaba quién le había enseñado a saciar la sed de su alma señalándole dónde estaba el Agua viva. 

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