sábado, 10 de octubre de 2015

FUE UN 12 DE OCTUBRE...


                                                              Vista trasera de la Casa Noviciado

Los años de Santa Ana son años de espera activa. San José Manyanet intenta, ante el silencio del Prelado de Barcelona, llevar sus religiosas a distintas diócesis. Quiso fundar en Santa Coloma de Farners (Girona) y en Alcover (Tarragona) pero varias circunstancias lo impidieron. Aconsejado por su amigo D. Tomás Casas, párroco de Horta, piensa en Aiguafreda, población que pertenece a la diócesis de Vic de la cual es obispo su amigo Josep Morgades. Desde 1892 comienzan los trámites, entrevistas y solicitudes para poder fundar en Aiguafreda.


Y el 12 de octubre de 1893 la Sierva de Dios firma en nombre  propio y de las suplicantes “Asunción Pujol, Josefa Tous y Antonia Torres y  varias otras jóvenes”  una petición al obispo de Vic  solicitando autorización para habitar el nuevo convento y la aprobación de las nuevas constituciones. Lo hace porque ya han acabado las obras en el convento y debe formalizarse la aprobación de una comunidad que con el nombre de Hijas de la Santa Casa de Nazaret comenzará la etapa de restauración del Instituto femenino de san José Manyanet.

En la solicitud se comunica al Prelado que las obras ya han concluido y también están redactadas las Constituciones que regirán su vida y que se adjuntan a la petición. Y deja claro cuál es el fin del Instituto: dedicarse con todas sus fuerzas al ministerio de la enseñanza puramente católica, a mayor gloria de Dios.

Por ello la Sierva de Dios suplica  “respetuosa y encarecidamente, se digne recibir a las recurrentes como fieles súbditas y verdaderas hijas espirituales, autorizarlas para que puedan desde luego habitar el nuevo Convento, formar Comunidad religiosa con el título de «Hijas de la Santa Casa de Nazaret», y aprobar las Constituciones y reglas que se acompañan, para que, una vez obtenido su superior beneplácito, así ellas como las que en lo sucesivo vayan entrando atemperen a las mismas su modo de ser en la vida religiosa.[…]
         Por todas las suplicantes,
Manuela Colomina”.


Pocos meses después, en marzo de 1894, se inauguraba la casa Convento de Aiguafreda con M. Encarnación como superiora.    

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