sábado, 26 de septiembre de 2015

SANTOS...¿PARA QUÉ?





IMITACIÓN DE LOS SANTOS

La Iglesia es Maestra en humanidad. Y como tal sabe que la persona necesita modelos de crecimiento. Lo vemos en los niños que aprenden tanto por imitación, que acaban teniendo la misma sonrisa, los mismos gestos, la mismas expresiones de sus padres. Y lo vemos en los adolescentes que, algo más alejados de sus padres, imitan formas de vestir, peinarse y caminar  de sus héroes ya sean cantantes o modelos.
Cuando la Iglesia celebra algún santo – y celebramos muchos cada día- no hace otra cosa que proponernos la imitación de alguien que en su tiempo y cultura vivió radicalmente el Evangelio. Quizá hoy no nos gusta mucho la palabra “imitación” porque en un mundo que fabrica “en serie” todos queremos ser originales. No obstante la imitación se halla escrita en nuestro ADN.

Dice la Lumen Gentium 51:  Buscamos en los santos «el ejemplo de su vida, la participación de su intimidad y la ayuda de su intercesión» .
Los santos nos ofrecen la certeza, con su vida, de que es posible vivir el evangelio. No se trata de “imitar” la manera de predicar de Francisco de Asís pero sí su espíritu.
Y cuando la Congregación de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia decide introducir la Causa de M. Mª Encarnación Colomina y la Iglesia decide comenzar el estudio es porque está convencida de que fue una mujer que ofrece al mundo grandes valores que no sólo pueden sino que deberían ser “imitados”: la lucha y defensa de la familia, la entrega radical, el abandono en Dios, la fidelidad, la fortaleza…¿Quién negaría que si todos viviéramos esos valores el mundo sería considerablemente mejor?  Ella lo mejoró y con su ejemplo nos dice: haced lo mismo.
Los santos- estén o no reconocidos- nos hablan del Paraíso original. Ellos encontraron el sendero oculto que nos devuelve a la genuina creación de Dios y ellos han llegado a ser “hijos de Dios sin tacha”.
Venerar a M. Encarnación es saber que “ Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en El, que es «la corona de todos los santos» , y por El va a Dios, que es admirable en sus santos y en ellos es glorificado”. (Lumen Gentium 50).
Cantamos a Dios, lo alabamos, porque una mujer, de nombre Mª Encarnación, es testigo viviente de que, como decía san JoséManyanet, “la santidad es posible”.

Y que otros hayan llegado a la meta nos exige ser buenos atletas.  

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