miércoles, 16 de septiembre de 2015

PALABRAS DE M. MONTSERRAT DEL POZO EN LA SESIÓN DE APERTURA



Al reunirnos hoy aquí en esta fecha que, sin duda podemos llamar histórica, me es muy grato saludar y agradecer en primer lugar la presencia al Sr. Cardenal Lluis Martínez i Sistachs, Cardenal, arzobispo de Barcelona, presidente de este tribunal, a la vez que agradecer la disponibilidad y trabajo minucioso del Postulador de la causa, P. Josep Mª Blanquet, que ha hecho posible llegar hasta este día. Agradecer asimismo la presencia de los demás miembros del tribunal, el franciscano P. Ramón Domènech, juez delegado, el promotor de justicia P Vicente Benedito, dominico, y la secretaria Sra. Chiara Rostagno.


Entre los muchos regalos con los que Dios ha distinguido y sigue distinguiendo  nuestra Congregación de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, en este año de la vida consagrada ha querido manifestarnos una vez más su amor de predilección por la Obra iniciada hace ya 141 años,  al ofrecernos la posibilidad de proclamar las virtudes heroicas de la M. Encarnación a la que quiso como cofundadora de su obra, contemplativa y transmisora del Misterio de Nazaret.

Los carismas los inspira Dios a algunas personas a las que elije, casi siempre por medio de mediaciones, para que proclamen en el mundo alguno de sus Misterios. Pronto reconoció nuestro Padre Fundador en las virtudes de M Encarnación Colomina, las virtudes aprendidas de la Sagrada Familia junto con su capacidad de fidelidad al carisma recibido para mantenerlo y acrecentarlo en ella y en las que a San José Manyanet le gustaba llamar “hijas del milagro”.
Hijas del milagro, de la que fue verdadero milagro de fortaleza, de discernimiento, de constancia, de honda vivencia del Misterio de Nazaret, en donde halló lo que su corazón deseaba ardientemente.

M. Encarnación Colomina, al igual que la mujer fuerte que nos describe el libro de los Proverbios, tuvo manos ágiles que no rehusaron nunca el trabajo por muy duro que fuese, y lo fue muchas veces; se alargaban sus días, cuando hasta muy tarde permanecía encendida la lámpara de su previsión para que todo estuviera en su lugar; amó la pobreza y supo administrar y acrecentar el pequeño patrimonio recibido, haciendo crecer las casas de las que fue responsable y, aún teniendo muy poco, siempre encontró la manera de compartir con quienes descubrió que lo necesitaban.

Dejó pocos escritos, excepto las cartas que son un buen testimonio de su grandeza y coherencia pero sus hijas desde siempre han recordado sus buenos y atinados consejos, y mucho más aun sus ejemplos de serenidad, confianza en Dios y humildad entre las dificultades y pruebas, en la búsqueda sincera y constante de la Voluntad de Dios y de manera especial en algunos momentos verdaderamente heroicos que le tocó vivir.
  
Por cuanto nos transmitieron las que la conocieron y vivieron con ella, también sus hijas, las Misioneras de Nazaret, -como dice el libro de los Proverbios - desde su muerte y hasta hoy, nos hemos atrevido a proclamarla bienaventurada, desde lo hondo del corazón. Por esto es motivo de gran gozo el motivo que nos reúne hoy aquí.

Que la virtudes de M. Encarnación Colomina sean investigadas por la Iglesia y que se haya iniciado el camino para la proclamación de  su santidad, es para todas nosotras, Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, un tiempo de gracia para profundizar en la perenne actualidad de nuestro carisma que nos urge, hoy igual que ayer, a la formación de familias cristianas mediante la educación de la niñez y de la juventud, en cualquier parte del mundo. 

Cuando el Buen Dios muestra oportunidades especiales en el devenir del tiempo, lo convierte en un verdadero kairos, un tiempo de gracia, tiempo oportuno, tiempo diseñado para una especial bendición. Este momento, en el que la Congregación está ya en los cinco Continentes, con el inicio de la nueva comunidad en Indonesia, no dudo que es kairos para nosotras. Que no nos falten la intercesión de San Josep Manyanet y de la M. Encarnación Colomina para que lo sepamos vivir con la grandeza y la exigencia requeridas para dar respuesta a la predilección que el Señor nos manifiesta.

Con la confianza plena de que Dios acabará la obra que toda suya, quiero volver a expresarle mi agradecimiento por la vida de nuestra cofundadora  y agradecer de manera especial todo el trabajo que lleva a cabo este tribunal.
Muchas gracias.


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